El «avistamiento ovni» en Barra de Tijuca encierra una obvia lección

Los reporteros Ed Keffel y João Martins se encontraban tomando fotografías en la Barra de Tijuca, el 7 de mayo de 1952. Los motivos no están claros, pues existen divergencias en los testimonios: mientras que unos afirman que fotografiaban casas, otros dicen que estaban buscando a un extranjero parecido a Hitler.

Alrededor de las 16 horas, observaron un objeto proveniente del mar. Keffel pidió a Martins que tomara algunas fotos del objeto y este obtuvo cinco tomas. En la primera, el objeto se encuentra contra el sol, en la segunda sobre el morro Dos Hermanos, en la tercera sobre la Piedra de Gávea, la cuarta sobre el morro, y en la quinta, el objeto vuelve al mar. Según los dos testigos, el avistamiento duró aproximadamente un minuto, y fue silencioso.

Los reporteros se dirigieron presurosos a la redacción para revelar las fotografías. Las fotografías obtenidas causaron conmoción y la noticia fue incluida de urgencia en el número de la revista, que tuvo una amplia difusión. La noticia llegó hasta el Ministro de Guerra y el Jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la República. También el coronel Hughes, agregado de la Embajada de Estados Unidos en Brasil, quedó sorprendido por las fotos. La noticia llegó a todo el mundo y fue tomada con total seriedad.

Cuando la verdad salió a la luz

El caso de Barra de Tijuca fue reinvestigado por los ufólogos Claudier Covo y Paola Lucherini Covo, quienes encontraron varias contradicciones y descubrieron un fraude orquestado por los protagonistas.

Ya desde el inicio, habían aparecido opiniones que consideraban de fraudulentas las fotografías del incidente. Varios oficiales de la Aeronáutica intentaron reconstruir el suceso, pero se habían encontrado con ciertas inconsistencias entre las sombras del ovni y las que producía el sol.

Almiro Baraúna, un especialista en fotografía, analizó las fotos en 1954, y concluyó que representaban un fraude, logrado mediante una doble exposición.

En 1981, el ufólogo paulista Carlos Alberto Reis y William H. Spaulding, director del Groun Saucer Watch, se expresaban acerca de las divergencias de las sombras del objeto, principalmente en la cuarta fotografía, y que las tomas presentaban una distorsión atmosférica. El informe fue publicado en la revista Planeta en 1984.

El caso habría sido planeado con antelación por los periodistas, que realizaron un fotomontaje. No se sabe si la revista avaló el fraude, pero las ventas se dispararon con la noticia y, ¡oh, casualidad!, era lo que les hacía falta.

Sin duda alguna, este caso nos recuerda que los extraterrestres no deben tomarse a la ligera. Muy por el contrario, deberían ser objeto de una rigurosa investigación. Siempre.

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