Por qué deberías visitar el Coliseo una vez en la vida (por lo menos)

Un recuerdo indestructible de la grandeza del Imperio Romano, una de las siete maravillas del mundo y el corazón de piedra y concreto de la Ciudad Eterna: todo esto y más representa el Coliseo.

La creación del Coliseo formó parte de un programa de reconstrucción más amplio, cuyo propósito era restaurar Roma tras la reciente guerra civil. El emperador Vespasiano quería demostrarle al mundo que Roma continuaba siendo el centro del mundo.

En el 80 d. C., se inauguró luego de diez años de trabajo de esclavos. La celebración estuvo a tono y fue colosal: comenzó con el sacrificio de más de cinco mil animales el primer día y se extendió por más de cien.

Pan y circo

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En el Coliseo, se desplegaban combates de gladiadores, cazas de animales salvajes y batallas navales. Para esto último, la arena se convertía en una gran piscina, gracias al sofisticado sistema de cañerías.

Alrededor de 50 mil personas podían entretenerse con estos espectáculos de forma gratuita. En ocasiones, también se les regalaba comida. El principal objetivo del emperador consistía en potenciar su popularidad y obtener el apoyo de su pueblo.

Arquitectura monumental

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Dos tercios del Coliseo se perdieron, sobre todo a causa de terremotos y actos de vandalismo. No obstante, se conoce al detalle cómo lucía la estructura original. El primer piso tenía columnas dóricas; el segundo, jónicas; y el tercero, corintias.

Contaba con 80 entradas: 76 eran numeradas y estaban destinadas al público general; 2 eran para los gladiadores: a través de la Porta Libitina (diosa romana de la muerte) eran retirados los gladiadores fallecidos y a través de la Porta Sanivivaria salían los gladiadores victoriosos; las dos puertas restantes estaban reservadas para el emperador.

Cuatro clases, tres tipos de asientos

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Dentro del teatro, destacaba una plataforma de mármol, protegida por una muralla, desde donde el emperador y los dignatarios observaban el espectáculo. Debajo de esta, había asientos de mármol con los nombres de los ciudadanos más pudientes. Los esclavos y extranjeros debían sentarse en sillas de madera. Finalmente, la terraza superior era ocupada por las mujeres y las personas más pobres, que debían permanecer de pie.

La oportunidad única de ver al emperador

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Además de ofrecer espectáculos exuberantes, el Coliseo le permitía a la población conocer, aunque sea a la distancia, a su emperador. A su vez, este no solía desperdiciar la ocasión de mostrarse. Así, Marco Aurelio lo hacía incluso cuando no sentía atracción por el espectáculo. Tito y Claudio solían gritarles a los gladiadores y otras personas del público. Cómodo desplegó sus virtudes en la arena más de una vez.

En el año 404, el emperador Honorio abolió los juegos. No obstante, los criminales fueron forzados a luchar contra animales salvajes por otro siglo. Hoy, aun con la brutales pérdidas que esta estructura ha sufrido, el Coliseo sigue cautivando a sus visitantes, con su arquitectura invaluable y su historia imponente.

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