El agonizante fantasma de Ana Bolena, la reina decapitada

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El rey Enrique VIII era atractivo y educado, pero no es recordado por ninguna de estas cualidades, sino porque se casó seis veces y ejecutó a dos de sus mujeres. La primera de ellas fue Ana Bolena.

Hoy, casi cinco siglos después de su muerte, hay quienes creen que su fantasma sigue vagando en la residencia Blickling Hall, en el condado de Norfolk.

La aparición de la drástica Ana

Carta de amor de Enrique VIII a Ana Bolena.

Para su época, Ana Bolena era considerada moderadamente bella. Tenía la piel oliva, cabello castaño oscuro y ojos tan marrones que parecían negros. Estos eran los protagonistas en la mayoría de las descripciones de Ana. Era de estatura media y lucía un cuello largo y elegante. Hay quienes le atribuyen un sexto dedo en una de sus manos, pero se trata de un rasgo muy poco probable.

No se sabe con exactitud cuándo y cómo se conoció con Enrique, pero es probable que el rey la buscara como amante. Pero Ana le negó cualquier tipo de favor sexual: quería ser la reina o nada.

La pasión que Ana despertó en Enrique quedó registrada en las 17 cartas de amor que el rey le escribió cuando estaba lejos de la corte —él detestaba escribir cartas—.

Poco a poco, Ana fue ascendiendo en la corte inglesa. Y al mostrar su interés por la reforma religiosa de Enrique, se ganó el odio de más de un miembro de la corte. Tampoco era popular entre los ingleses.

Dios salve a la reina Ana

En 1532, Ana estaba embarazada. Para evitar problemas sobre la ilegitimidad del bebé, se casaron en secreto cerca del 25 de enero de 1533. Aunque el matrimonio con Catalina de Aragón todavía no se había disuelto, en la mente del rey nunca había sido válido. Recién en mayo del mismo año se proclamó de forma oficial su invalidez.

Entonces, los preparativos para la coronación de Ana comenzaron y ella fue trasladada de Greenwich a la Torre de Londres vestida de oro puro. Tras el gran acontecimiento, comenzó a prepararse el bautismo del bebé, que debía ser un niño. Pero la vida no estuvo de acuerdo: el 7 de septiembre nació Isabel, futura reina de Inglaterra.

Ana sabía que su obligación era dar a luz a un sucesor. En su segundo embarazo, sufrió un aborto espontáneo. Lo mismo le sucedió con su tercer embarazo. Esta sucesión de infortunios fueron enfriando la relación entre Ana y Enrique, que comenzó a interesarse por una de las damas de la reina, Juana Seymour.

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Porque todo lo que sube cae

El descontento del rey fue aprovechado por la corte para borrar a Ana del mapa. En concreto, Cromwell convenció al rey de que firmara un documento para investigar potenciales cargos de traición.

Primero, el músico de la reina fue arrestado. Luego, su propio hermano, Jorge Bolena. Y el 2 de mayo, fue el turno de la mismísima reina, tras ser acusada de adulterio, incesto y conspiración contra el rey.

Su muerte no tardó en llegar. Se contrató un espadachín experto para darle a la reina un final limpio en una ejecución privada. Dio un breve discurso, se quitó el tocado y le vendaron los ojos. Su cabeza rodó tras un solo golpe.

Pero hay quienes creen que la historia de Ana no termina aquí y que su fantasma sigue vagando en Blickling Hall. En cada aniversario de su ejecución, un carruaje conducido por un cochero y caballos sin cabezas transporta a la Ana decapitada hasta la puerta de su antigua residencia y desaparece.

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