El oscuro secreto de la travesía espacial de la perra Laika

El primer ser vivo en orbitar la Tierra viajaba en un compartimento tan grande como una bolsa de deportes. Cincuenta años después, la actual Estación Espacial Internacional que gira alrededor de la Tierra tiene las dimensiones de un campo de fútbol.

Cuando el 1 de noviem­bre de 1957 la perrita soviética Laika («la que ladra», en ruso) fue enviada al espacio encerrada en un estrecho alojamiento, pocos podían imaginar que, tan solo 12 años des­pués, un par de astronautas norte­americanos serían los primeros en pasearse por la Luna.

Los secretos del vuelo de la perra Laika

Wikimedia Commons

Apenas un mes después de que la humanidad hubiese enviado el primer satélite artificial al espacio, un cohete espacial despegó de algún lugar secreto en Kazajstán. Esta vez, transportando a un ser vivo: Laika.

Pero ella no había sido la primera perra en ser enviada al espacio; más de dos docenas ya la habían precedido. Todas tenían algunos rasgos en común: provenían de la calle (un rasgo que para los rusos simplificaría su adaptación a los rigores del espacio), eran medianamente pequeños y tenían un pelaje de colores llamativos, para que fueran fácilmente identificables en la grabación. Y sí, eran todas hembras, con el fin de facilitar la confección de los trajes.

Si bien en un momento se pretendió aclarar lo contrario, Laika había sido enviada para nunca volver. Estaba planeado que después de una semana en órbita se le daría veneno para evitar que sufriera una lenta agonía. Cuando el triste momento llegó, los científicos soviéticos aseguraron al público que Laika había estado cómoda en su travesía y que había fallecido sin dolor.

Si bien la perrita se convirtió en la protagonista indiscutida del viaje espacial, poco tenía que ver con el mensaje político que quería transmitir la Unión Soviética en el marco de la Guerra Fría. Esta era la clave: un misil lo suficientemente poderoso como para trasladar un satélite en órbita, bien podría transportar una carga nuclear a cualquier parte de Estados Unidos.

En 2002, tras más de cuatro décadas del lanzamiento, una oscura mentira salió a la luz. Los científicos rusos develaron que Laika había muerto solo unas pocas horas después de estar en órbita, debido a una falla en el sistema de refrigeración. Esta hizo que la nave se sobrecalentara y que, muy probablemente, Laika muriera en agonía. La nave había permanecido en el espacio durante cinco meses, había atravesado la atmósfera y se había incendiado sobre el Caribe.

Uno de los científicos que participaron en el programa de Laika declaró:

Cuanto más tiempo pasa, más lo siento. No debimos haberlo hecho. No aprendimos lo suficiente de esa misión como para justificar la muerte de Laika.

Add Comment