La historia del emperador fiestero que fue asesinado por su abuela

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No todas las abuelas pasan a la posteridad por su afectuosidad. Tal es el caso de Julia Maesa, la mujer que conspiró primero para que su nieto Heliogábalo llegara al trono de Roma y luego para que lo asesinaran.

La coronación de la fiesta

En 217, el emperador Caracalla fue asesinado y su tía materna aprovechó la inestabilidad política para promover una revuelta y lograr coronar a su nieto sirio de 14 años, Heliogábalo.

El nuevo emperador se rehusó a adoptar los dioses tradicionales de Roma. Así que siguió profesando su fe a El-Gabal, deidad solar siria, e incluso mandó traer una estatua suya y construirle un templo en el importante monte Palatino. Vacas, ovejas y, según los relatos más sensacionalistas, humanos fueron sacrificados en honor a la deidad.

Pero la excentricidad recién comienza: en sus banquetes, el emperador disfrutaba de distribuir «regalos» al pueblo. Buenos cortes de carne un día y perros muertos al otro. También, «comida» de cera, piedra o madera. Se cuenta que un día recibió a sus invitados con tantos pétalos de flores que estuvo a punto de asfixiarlos.

Heliogábalo le daba rienda suelta a sus impulsos sexuales y tenía numerosos amantes de ambos sexos. Se dice que nunca mantuvo relaciones sexuales dos veces con ninguna mujer, salvo con su esposa. Abría los baños imperiales al público para ver a sus usuarios desnudos. Les encomendaba a sus servidores que rastrearan a los hombres más viriles.

La abuela vuelve a entrar en acción

Pero nada es para siempre: un oráculo sirio le había vaticinado al emperador una vida corta y una muerte violenta. Ante este pronóstico, y prefiriendo suicidarse antes que ser asesinado, Heliogábalo almacenaba dagas y veneno, y mandó a construir una torre bien alta, decorada con oro y diamantes, para poder tirarse de ella cuando el momento llegara.

Pero más allá de todos estos preparativos, la voz del oráculo fue más fuerte. Julia Maesa ideó el final de su nieto con detalle: primero, lo convenció de que eligiera a su primo Alejandro como su sucesor. Él no tardó en ganarse el favor del pueblo romano. La alarma de Heliogábalo lo llevó a complotar el asesinato de su primo, pero esta intención desencadenó una revolución militar.

Julia tomó partido por Alejandro y no movió un dedo mientras los soldados asesinaban a su nieto. Una vez más, su plan estaba cumplido.

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