Rasputín, el monje «inmortal» que escandalizó a todo un imperio

Alexandra, la mismísima zarina del Imperio ruso, no tenía ninguna duda: Rasputín era el único ser sobre la Tierra capaz de salvar a su hijo de la enfermedad y la muerte. Esta convicción convirtió al monje en una de las figuras más populares del imperio. Y también en el más criticado.

El rápido ascenso de Rasputín

Grigori Yefimovich Rasputin nació en Siberia, Rusia, en 1869. Desde pequeño, supo estar en la boca de todos los pueblerinos, que estaban convencidos de que tenía superpoderes.

En su adolescencia, decidió convertirse en monje, pero nunca llegó a terminar sus estudios, porque a los 19 años se casó con Praskovia Fyodorovna, con quien tuvo tres hijos.

Pero Rasputín no era un hombre del hogar y, mucho menos, de una sola mujer. No tardó en abandonar su pueblo para salir a recorrer el Imperio ruso. Hasta que llegó a su capital, San Petersburgo, donde conoció la secreta desesperación del zar y la zarina por su hijo Alexei.

El futuro heredero padecía hemofilia, aunque los médicos de la época atribuían la enfermedad a una constitución débil. Como consecuencia, experimentaba problemas de coagulación y cualquier lastimadura lo exponía a un sangrado excesivo. Hasta que, a los ojos de la zarina, Rasputín llegó y lo sanó.

Su influencia inmortal

Como era de esperarse, la «sanación» de Alexei catapultó a Rasputin como el médico oficial del heredero y el asesor personal de la zarina, cuya lealtad era incondicional. Con la convicción de que Rasputín era el único salvador posible de su hijo, Alexandra hizo caso omiso a la avalancha de críticas sobre su protegido, que en general aludían a la magia negra y a su comportamiento sexual indecente (del que hay abundantes evidencias).

El monje no solo sobrevivió a las críticas, sino también a varios intentos de asesinato, situación que le forjó la reputación de «hombre que no moría». Primero, resistió como si nada al cuchillazo letal perpetrado por una prostituta en su estómago. Luego, al consumo de una cantidad de veneno capaz de acabar con 5 hombres.

Pero en esta última ocasión, los anonadados conspiradores no iban a permitir que Rasputín saliera con vida, así que no dudaron en golpearlo y pegarle un tiro en la espalda. Como el monje no caía, se vieron obligados a dispararle varias veces más, envolverlo en una sábana y arrojarlo al río Neva.

Si bien el cuerpo fue encontrado tres días después y sometido a varias autopsias, la causa exacta de su muerte todavía se desconoce. La mayoría de los resultados coinciden en que todavía estaba vivo cuando cayó al río y que, de hecho, luchó por liberarse antes de perecer por ahogamiento o hipotermia.

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