La Sagrada Familia, la basílica que acariciará el cielo

La Sagrada Familia se convertirá en la iglesia cristiana más alta del mundo, cuando su construcción finalice en 2026, en el centenario de su creador Antonio Gaudí. La altura de la basílica tendrá el objetivo simbólico de elevarse hacia Dios y en Barcelona solo será superada por la montaña de Montjuïc y el Tibidabo (porque la creación humana nunca puede igualar a la divina).

Se encuentra entre los monumentos más visitados de España, junto con el Museo del Prado y la Alhambra de Granada. Y es la segunda iglesia más concurrida de Europa, después de la basílica de San Pedro del Vaticano.

Tres fachadas, tres momentos

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La Sagrada Familia posee tres fachadas, que representan los momentos clave de la vida de Jesucristo: su nacimiento; su pasión, muerte y resurrección; y su gloria eterna.

Su riqueza escultórica es invaluable y resulta del trabajo de un amplio número de artistas que han seguido las directrices proporcionadas por el propio Gaudí. Se encuentra basada en la iconografía del culto religioso.

La luz como protagonista

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Para Gaudí, el color era vida y la luz era una fuente de expresividad arquitectónica. La Sagrada Familia es la personificación de esta concepción; en ella, los rayos solares resaltan lo pináculos de las torres y alumbra los portales de la fachada del Nacimiento.

Los vitrales y la diversidad cromática de los materiales constructivos revitalizan el interior de la basílica.

Árboles como columnas

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El interior de la Sagrada Familia es un bosque y cada columna, un árbol. Gaudí así lo quería para invitar al visitante a la oración y celebrar la eucaristía.

Este rasgo responde a la cosmovisión de Gaudí: la naturaleza es obra de Dios y nada la iguala. Por eso, el mejor camino para enaltecer al Creador es mediante el diseño de una arquitectura inspirada en la obra divina.

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