La verdad oculta del chupacabras, la peligrosa criatura de fama mundial

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«Es un ser terrorífico, parecido a un extraterrestre», afirmó la primera persona que lo vio en 1995, en Puerto Rico. Y este representó el punto de partida de una larga cadena de testimonios, que reconocían la existencia de un ser bípedo, de entre 1,20 y 1,50 metros de altura, con púas en la espalda y largas garras.

Este ser desconocido se convirtió en el chivo expiatorio perfecto para explicar la muerte del ganado. Su procedimiento parecía ser claro: el chupacabras succionaba toda la sangre de sus víctimas, perforando sus cuellos.

La historia no tardó en difundirse: primero en toda la isla, luego en América Latina y hasta Estados Unidos. Porque, a fin de cuentas, la realidad sí que puede superar la ficción, ¿no es así?

No tan rápido: la verdad del chupacabras recargado

En 2002, resurgió la figura del chupacabras, esta vez con algunos cambios: su aspecto no era tan similar al de un extraterrestre; se acercaba al de un animal sin pelos, que se desplazaba en cuatro patas. Este cambio en la apariencia no puso a prueba la credibilidad en la amenazante criatura.

Pero constituyó la oportunidad perfecta para el científico e investigador Radford de conocer la verdad. Y es que los cadáveres de las víctimas del supuesto chupacabras recargado estaban ahora a su entera disposición.

Los análisis lanzaron resultados concluyentes: los famosos chupacabras no eran más que perros, coyotes o mapaches que habían perdido el pelaje, debido a la sarna sacóptica. Esta enfermedad afecta la piel tan profundamente que puede darles a quienes ataca un aspecto monstruoso.

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