Las vírgenes más poderosas del Imperio romano: cuál era su destino sagrado

En la antigua Roma, las vírgenes vestales eran las mujeres más poderosas del imperio. Se desempeñaban como sacerdotisas consagradas a Vesta, la diosa del hogar, gracias a lo que disfrutaban de derechos y privilegios impensados para las mujeres de la época. Así, estaban exentas de pagar ciertos impuestos y podían ser propietarias de bienes.

El proceso de selección de las vírgenes vestales

pabloborca via iStock

Toda virgen vestal debía pertenecer a una familia patricia y renunciar a ella. Una vez seleccionada, la virgen era suspendida de un árbol para simbolizar que ya no dependía de su familia.

Debía tener entre 6 y 10 años, y destacar por su belleza. Cuando era elegida, se le cortaba el cabello en señal del nuevo comienzo. Cuando este volvía a crecer, lo peinaba en seis trenzas y las cubrían con un velo de lana blanco. Vestían una toga del mismo color, símbolo de su pureza.

No podía tener ninguna «imperfección corporal» y de ello se aseguraba el Máximo Pontífice, como encargado del proceso de selección.

Su destino sagrado

Las vírgenes vestales debían guardar el voto de castidad durante 30 años, que era el tiempo durante el que se extendía su servicio. En la primera década, se dedicaban al aprendizaje; la siguiente era de servicio; y en la tercera y última, enseñaban a la nueva generación de vestales.

Una vez cumplido su servicio, las vestales podían casarse, pero la mayoría decidía guardar celibato y vivir en el templo.

El principal objetivo de las vírgenes vestales consistía en cuidar el fuego sagrado del templo de Vesta, que se encontraba en el Foro romano. Por este motivo, su libertad de movimiento era limitada.

Que el fuego se apagara era grave, porque este reflejaba la fortuna de Roma. En otras palabras, la extinción del fuego sagrado significaba el desastre de la ciudad. Si esto ocurría, el Senado se reunía para encontrar la causa y la virgen que había estado de guardia en ese momento era azotada. Luego, se expiaba el templo y se volvía a encender el fuego, utilizando la luz solar y un espejo cóncavo.

Los romanos admiraban a las vírgenes vestales. Se creía que poseían poderes mágicos y que eran «las guardianas de secretos divinos que solo a ellas se les revelaba», de acuerdo a Plutarco. Por este motivo, las vírgenes sobrevivieron por más de un milenio, aun a pesar de los cambios políticos. Pero no pudieron resistir la llegada del cristianismo.

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