Los caballeros templarios: quiénes eran los guerreros de Dios

Si bien se desplegó en la Edad Media, la orden de caballeros templarios nos continúa fascinando. Todavía escuchamos las historias sobre su aguda visión financiera, su proeza militar y su arduo trabajo cristiano durante las cruzadas.

El origen templario

En 1099, los ejércitos cristianos recuperaron Jerusalén y los grupos de peregrinos de Europa occidental comenzaron a visitarla. Pero los robos y ataques perpetuados por musulmanes comenzaron a hacer su mella.

En este marco apremiante, cerca de 1118, el caballero francés Hugues de Payens creó una orden militar, junto con ocho familiares y conocidos, para proteger a los peregrinos cristianos. Esta fue la semilla de la orden de caballeros templarios. Luego, con el apoyo del gobernador de Jerusalén, establecieron un cuartel en el Monte del Templo. Eventualmente, esta orden obtuvo también el favor del papa.

El poder y la austeridad

Murallas de monasterio templario, ubicado en Tomar, Portugal.

Los templarios comenzaron a afianzar su influencia financiera, tras establecer su propia red de bancos. Este sistema les permitía a los peregrinos depositar activos en su país para luego retirarlos en Tierra Santa.

Los templarios siempre vestían un hábito blanco con una gran cruz roja y debían respetar un duro código de austeridad. En este sentido, no podían usar zapatos puntiagudos, ni besar a sus madres. Asimismo, prestaban un juramento de pobreza, castidad y obediencia. No podían beber, apostar o insultar y la oración representaba una parte central de sus vidas.

En su apogeo, la orden templaria forjó una flota en el Mediterráneo y prestó dinero a nobles y reyes europeos.

La caída de los templarios

cristianoalessandro via iStock

A finales del siglo XII, las fuerzas musulmanas recuperaron Jerusalén. En las décadas siguientes, el poder de la orden templaria fue menguando y las críticas hacia esta se endurecieron cada vez más.

En 1303, los caballeros templarios instalaron su base de operaciones en París. Allí, el príncipe Felipe IV decidió erradicarlos, por considerar su riqueza y poderío una gran amenaza.

Los arrestos, las torturas y la hoguera no tardaron en llegar. Muchos de los templarios fueron condenados por falsos cargos, como herejía, corrupción financiera, culto al diablo y fraude, entre otros.

Hoy, la mayoría de los historiadores concuerda en que la orden se desintegró hace más de siete siglos. No obstante, hay quienes piensan que sigue operando en secreto.

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