Los escándalos de María Antonieta: la verdad sobre la última reina de Francia

María Antonieta fue la decimoquinta hija del emperador austríaco Francisco José I y de la emperatriz María Teresa. Para superar la enemistad de su país con Francia, agudizada durante la Guerra de los Siete Años, fue entregada a los 14 años de edad para que se casara con el delfín Luis Augusto.

Así, sin saberlo, se convirtió en la última reina de Francia. Su vida sería cortada a los 38 años, por el revolucionario peso de la guillotina. A pesar de su corta existencia, María Antonieta se ha consagrado como una de las reinas más recordadas y conocidas por todo el mundo. Seguro que estos escándalos contribuyeron.

El amante sueco de María Antonieta

Retrato de Hans Axel von Fersen, 5 años antes de conocer a María Antonieta.

La delfina conoció al soldado sueco Hans Axel von Fersen en un baile parisino en 1774 y, como muchas mujeres antes que ella, quedó deslumbrada. Así que se convirtió en uno de sus invitados favoritos, si bien su carrera militar no era la mejor aliada para la continuidad de la relación.

Cuando Luis fue coronado, le regaló a su esposa una residencia de descanso, en las lejanías del inmenso territorio de Versalles. Allí, María Antonieta compartió veladas íntimas con Fersen, como lo sugiere su correspondencia.

Cuando estalló la revolución, Fersen volcó una parte significativa de su fortuna para ayudar a escapar a la reina. Pero su plan falló. Le sobrevivió 20 años a su amante y nunca se casó, porque «su amada no estaba disponible», según le escribió a su hermana.

La pública intimidad ausente

Luis XVI, entre 1778 y 1779.

La pareja real se casó en mayo de 1770, pero recién siete años después lograron consumar su matrimonio. La espera se sintió como una eternidad para la reina, que sentía el peso de dar a luz un heredero y recibía constantes miradas de desconfianza.

Los ataques hacia la virilidad del rey no tardaron en expandirse por las calles de París y debilitaron su imagen política. Y mientras él seguía absorto en su mundo de candados, lenguajes y caza, su suegra no dudó en actuar. María Teresa envió a su hijo José para que acelerara el asunto.

Él comunicó a su madre que la tardanza era el resultado de la ineptitud de la pareja. Pero la realidad era más dolorosa: Luis XVI sufría una condición que le generaba una gran aflicción al mantener relaciones sexuales.

«Que coman pastel»

Brioche, pan elaborado a base de huevo.

La leyenda cuenta que cuando la reina escuchó que su pueblo estaba muriendo de hambre contestó con apatía: «Entonces, que coman pastel». Pero es muy poco probable que estas palabras hubieran salido de su boca: numerosos registros atestiguan la buena disposición y generosidad de la reina hacia los más necesitados.

Y aun si lo hubiese dicho, si la frase es contextualizada no es tan desalmada como suena. El supuesto término utilizado en francés traducido como «pastel» es brioche, un tipo de pan más sofisticado a base de huevo. Ahora bien, en esa época existía una ley francesa que obligaba a los panaderos a vender el brioche al mismo precio que el pan, cuando este faltaba. En este marco, la polémica contestación no habría reflejado más que una posibilidad real para el pueblo.

María Antonieta no fue la encarnación de la perfección (¿quién lo es?), pero tampoco la de la crueldad. Después de haber sido arrancada de su familia y de su país a los 14 años, forjó un gran cariño hacia el hombre con quien nunca decidió casarse. Y en un contexto que no perdonaba, asumió una responsabilidad para la que no estaba preparada.

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