Ni la adversidad más grande podrá contigo, si tan solo aplicas los 3 mejores consejos

Es inevitable: la adversidad es intrínseca a la vida y se presentará tarde o temprano. No hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Pero lo que sí puedes controlar es tu reacción frente a la adversidad.

A esta capacidad irrenunciable es que se refería Víktor Frankl, psicólogo y sobreviviente del Holocausto:

Las fuerzas que escapan a tu control pueden quitarte todo lo que posees excepto una cosa, tu libertad de elegir cómo vas a responder a la situación.

El hombre en busca de sentido

Esto significa que cuando la adversidad toca a tu puerta, puedes deshacerte en gritos o lágrimas o bien proponerte disfrutar de todo lo bonito que permanece en tu vida para transmutar la adversidad en oportunidad.

Para lograrlo, los siguientes hábitos serán tus mayores aliados.

Cree en ti

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Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, estás en lo correcto.

Henry Ford

La percepción que tienes de ti mismo es determinante para sobrellevar la adversidad. Por este motivo, es recomendable que cuides tus pensamientos, minuto a minuto —en general, esto supondrá que seas más consciente de ti mismo—. Siempre que detectes un pensamiento desmoralizador enraizado en un «no puedo», reviértelo.

Quítate del centro

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«¿Por qué a mí?», puedes verte tentado a preguntarte. Pero lo cierto es que no somos el ombligo del mundo; en las palabras de Stephen Hawking:

Somos tan solo una especie avanzada de monos en un planeta menor de una estrella muy promedio.

Lejos de ser desalentadora, esta verdad es liberadora y te permite asumir que en realidad la adversidad está pasando y no te está pasando. Así, te libera del papel de víctima y despeja espacio mental para la calma y el optimismo.

Ármate de buen humor

Es curioso que las personas nunca llegan a ser tan triviales como cuando se toman a ellas mismas seriamente.

Oscar Wilde

Y es que a veces pecamos por exceso de seriedad. Tenemos tantas responsabilidades y nos sentimos tan importantes (¡punto 2!) que no tenemos tiempo en nuestras vidas para la comedia. ¿Qué queda? Puro drama.

Pero a partir del momento que recuerdas tu imperfección y tu mortalidad, el peso en el pecho cede y no hay tragedia que pueda resistirse a una buena carcajada.

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