Por qué ya no deberías ignorar a los arcos de tus pies (y cómo cuidarlos fácilmente)

Gracias a la incomparable ingeniería de los pies, nuestros ancestros primitivos pudieron trasladarse fuera de África y conquistaron el mundo. Y es que mantenerse de pie parece sencillo, pero es en realidad posible a causa de la maravilla biomecánica que es el pie humano.

Está constituido por 26 huesos, 33 articulaciones y una matriz compleja de ligamentos, tendones y músculos. Su diseño es exquisito: así, los dedos cortos nos permiten correr largas distancias y los arcos son indispensables para permanecer erguidos, como lo confirmó un artículo publicado en Nature en febrero de 2020.

El revelado valor del arco transverso

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En el pie humano es posible distinguir tres arcos: el longitudinal medio, que se extiende verticalmente en la cara interior del pie; el longitudinal, que se extiende en igual sentido pero en la cara exterior del pie; y el arco transverso, que se extiende horizontalmente en la parte anterior del pie.

En este último se centró el estudio de Nature, que concluyó que este arco es el responsable del 40 % de la firmeza de nuestros pies. Junto con el arco longitudinal medio, el arco transverso le confiere al pie una rigidez imprescindible para sostenernos y caminar sobre nuestros pies sin caer. Esta firmeza nos diferencia de otros primates, que necesitan pies más flexibles para trepar y aferrarse a las ramas de los árboles.

De esta manera, y gracias a este estudio, queda confirmado el valor de nuestros pies en nuestro progreso y desvelado el del arco transverso en particular.

Cómo cuidarlos fácilmente

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  • Cuida tu peso corporal. Condiciones como el sobrepeso y la obesidad dificultan la mecánica de los pies y ocasionan dolores.
  • Evita el cigarrillo. Fumar dificulta que el flujo sanguíneo nutra fácilmente las extremidades. Esto debilita la salud de los pies.
  • Elige un calzado cómodo. Sé más fuerte que la moda que incomoda. Considera que tus pies crecen en la medida que envejeces, así que no des tu talle por sentado.
  • Vela por su higiene y bienestar. Lávalos y sécalos bien a diario. Aplica una crema humectante para nutrirlos desde fuera. Presta atención a la aparición de heridas, ampollas y llagas, y procura tratarlas con un profesional.

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