¿Puede un país comprar a otro? Ya ha pasado antes…

El presidente estadounidense Donald Trump encendió todas las señales de alerta cuando anunció que estaría interesado en comprar Groenlandia, una adquisición que según creía sería estratégica para los Estados Unidos. Pero justo después de un gran revuelo internacional, aclaró que el tema no estaba en su lista de prioridades.

No obstante, la pregunta quedó flotando en el aire: ¿puede un país comprar a otro?

Cuando el cruel Leopoldo II se salió con la suya

En la década de 1880, el ambicioso rey Leopoldo II gobernaba en Bélgica. Pero claro que para él no era suficiente, así que junto con un sindicato de inversores logró hacerse de la cuenca del río Congo, proclamó la independencia del Estado Libre del Congo y se autodesignó su soberano.

Estableció un régimen del terror que redujo la población a más de la mitad: los congoleses fueron forzados a trabajar como esclavos en plantaciones de caucho y constantemente amenazados con látigos.

Las atrocidades no tardaron en llegar a los oídos de la comunidad internacional, que le retiró su apoyo a Leopoldo II. La presión fue tal que el rey debió ceder su nuevo país personal al parlamento de Bélgica.

Qué dice el Derecho Internacional

Antes, bastaba con que los Estados implicados acordaran un precio. Hoy, la situación es bastante más compleja. Sobre todo, porque gracias al principio de libre autodeterminación de los pueblos, los habitantes del territorio vendido deberían estar de acuerdo con la transacción.

Asimismo, la compra de un país no parece aceptable desde la perspectiva moderna, en particular por su gran parecido a las ya superadas prácticas colonialistas.

Y como si los anteriores argumentos fueran insuficientes, la compra de un país carece de sentido económico. En este sentido, los expertos coinciden que existen maneras más eficientes de incrementar el poder.

Add Comment